jueves, 28 de febrero de 2013

Experiencia vs Formación, qué valoran más las empresas



Un reciente estudio apunta a que las empresas valoran más capacidades como el liderazgo o la motivación.

Así lo cree el personal de alta dirección y recursos humanos de cerca de medio millar de pequeñas y medianas empresas encuestados por la universidad de Granada.

La acumulación de títulos pierde la batalla frente a aptitudes como el trabajo en equipo, capacidad de resolución de problemas...


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La resilencia o la capacidad de ser fuerte


Qué podemos hacer en el día a día para fortalecer la resilencia en nuestros hijos adolescentes?


Ante los problemas, buscar soluciones
Por lo general, los jóvenes buscan la vía más fácil y cómoda para resolver sus problemas. Muchas veces la opción que adoptan es la de cerrarse y desentenderse. Si suspenden, el profesor es injusto; si son impuntuales, no se puede llegar antes; si la ropa está desordenada, no ha habido tiempo para dejarla bien. Para evitar discusiones los adultos acabamos resolviéndoles los asuntos.
Hay que enseñarles a solucionar las dificultades que se van encontrando. No debemos dar por hecho que no quieren hacer las cosas. Muchas veces lo que ocurre es que no saben cómo hacerlas. Es importante que les afrontemos ante el problema, buscar vías de resolución y animarles a que las saquen adelante. A partir de entonces, seguir insistiendo en ello y ver cómo están logrando los objetivos propuestos.
La inestabilidad es frecuente en los adolescentes. Cuando parece que un objetivo ya está conseguido, en el momento más inesperado vuelve a aparecer de nuevo. Cuando se logran unas metas, aparecen nuevas dificultades. Éste es el arte de la educación. No hay que desesperarse ni caer en el desánimo. Debemos armarnos de paciencia y seguir exhortando en aquello que nos hemos propuesto. No hay que tirar la toalla. Aunque quieren ir solos, nos necesitan como nunca. 


  • Ayúdale a conocer sus puntos débiles y ofrecer modelos de actuación. Por ejemplo, tu hijo es impulsivo y cuando fracasa en algo, desplaza la culpa hacia los demás, enfadándose con ellos en lugar de hacerlo consigo mismo. Intenta reflexionar con él y hacerle ver que éste es un punto débil. Entonces, y a través de las experiencias que te ofrece el día a día, buscar entre ambos pautas de actuación para controlar este impulso: reflexionar ante un fracaso para averiguar realmente hasta qué punto es por su culpa, aislarse en su cuarto antes de estallar con algún miembro de la familia, escribir en un diario sus sentimientos ante un problema o frustración, etc.
  • Potencia su autoestima, evita criticar todo lo que hace mal, valorando aquello que consigue alcanzar y potenciando aquellas cualidades en las que destaque.
  • Proponle metas concretas y a corto plazo. No le digas "Tienes que estudiar". Es mejor proponer un tiempo determinado de estudio y un plan de trabajo semanal. Evitar comentarios tipo "Hay que ser más ordenado". Es preferible incidir en aspectos concretos:"Recoge la toalla al acabar de ducharte", "No dejes la ropa tirada en el suelo de tu cuarto"etc.
  • En la medida de lo posible, no resuelvas sus problemas, deja que sean ellos quienes den el primer paso. Por ejemplo, si tu hijo no tiene suficiente con el dinero que le das cada mes, no le incrementes la paga para que vaya más holgado y no pase tantas estrecheces. Permite que aprenda a administrarse mejor y/o a prescindir de algunos gastos que no puede permitirse.
  • Enséñales a pedir ayuda cuando lo necesiten. Hay que establecer un clima de confianza y buscar cauces de comunicación entre la familia y los hijos.
  • Adiéstrales en reflexionar antes de actuar. Cuando se equivocan, deben asumir la responsabilidad del mal causado y reparar el daño si es conveniente. Por ejemplo, si jugando al fútbol rompen el cristal de la ventana del vecino, que sean ellos quienes vayan a pedir disculpas y se hagan cargo de la reparación que suponga.
  • Déjales participar en decisiones familiares y facilitar que sean ellos los que propongan maneras de solucionar aspectos cotidianos. Por ejemplo, en el tema del manejo de Internet, podéis establecer juntos las reglas de uso: pedir permiso para acceder a Internet, horarios, antes de comprar cualquier objeto comentarlo con los padres, limitar los chats, filtros etc.
  • Enséñale a amaestrar los afectos y emociones, ayudándole a controlarse ante situaciones que requieran mayor serenidad y capacidad de juicio. Por ejemplo, tu hijo llega a casa después de un partido de fútbol y está enfadado porque el árbitro ha sido injusto. Hay que hacerle ver que esta situación no debe repercutir en su carácter y el modo de tratar a la familia a lo largo de todo el día.
  • Disciplinarles en la competitividad sin caer en la deslealtad o la desconsideración hacia los demás.
  • Tu hijo o hija se está convirtiendo en un adulto. ¿Por qué no fomentarle la idea de hacer voluntariado? No hay nada para fortalecer nuestra capacidad de superación como descubrir "en primera fila" las necesidades de los demás, las desgracias de otras personas menos afortunadas que nosotros. En esos momentos, nuestros hijos se involucran en un proyecto que les obliga a dar lo mejor de sí mismos a pesar de las adversidades.
    Piénsalo. Tu hijo ya no es aquel bebé indefenso y vulnerable. Ahora es un adolescente capaz, lleno de grandes y pequeños talentos que necesitan proyectarse en el exterior para crecer y conseguir las metas propuestas.